Bullying

Ahora que la vuelta al colegio ya está aquí, os comparto un poema de un tema del que estoy muy sensibilizada, el acoso escolar. No he encontrado la fecha, pero creo que lo escribí sobre los dieciséis años.

Y estoy muy sensibilizada porque lo sufrí.

Y  aunque ahora doy gracias porque el conjunto de toda tu vida es lo que te hace ser quien eres en la actualidad, incluso lo malo, nadie, ¡nadie! y menos un niño debería pasar nunca por algo así. Y en este tema soy quizás extremista.

No se debería minimizar, normalizar, ni silenciar.

Cuatro ojos, gordos, flacos, torpes, pelirrojos, de piel clara, oscura, con granos… todo lo que te hace diferente puede hacerte víctima de acoso. Un poco absurdo, porque al final todos somos distintos y eso es lo enriquecedor. Intentemos una educación inclusiva, en la que lo diferente sea normal.

Se debería enseñar a los peques a desmontar a sus atacantes de una forma no violenta, que esto es lo díficil, hemos sido criados creyendo que la violencia es la única forma posible de defensa. Y siempre tienen que decírselo a sus profes y papás. Esto no es ser chivato, sino que es terminar con una situación inaceptable. Y ahí viene el punto siguiente.

Se deberían tener protocolos reales y concretos contra el acoso en las aulas, caiga quien caiga. Y se debería formar a los profesores en este tema. Y voy un paso más allá, del que muchos no estarán de acuerdo.

Igual deberíamos cambiar mucho en la forma de educación. Educar en la cooperación y no en la competitividad para mí es una de las claves, y aunque esto así dicho parece obvio, pienso si las notas, los premios, los castigos, los rincones de pensar, los positivos y negativos no son sino un fomento de la competitividad.
Otra clave es la inteligencia emocional, pero abordando a la persona de manera integral, no como otra asignatura. No seguiré metiéndome en camisas de once varas, que el tema da para mucho.

Leo el poema y me vuelvo a poner en el pellejo de esa adolescente que ya ironiza con los insultos, que se culpabiliza en parte, que afortunadamente ya va saliendo del hoyo (tampoco sé muy bien porqué, pero los acosadores se cansaron progresivamente de atacarla), con la autoestima tambaleante (ya de por si en una etapa difícil como es la adolescencia) y con una coraza que le ha limitado en muchas cosas. Y aunque por fortuna la mayoría de ese acoso era psicológico, nunca se olvidará.

 

¿Qué nuevas y divertidas palabras
pensáis para hacerme llorar?

Insultos irónicos o los clásicos de siempre,
en un recopilatorio podrían tener gran éxito.
Y claro, por ello nunca vais a parar.

¡Y perdonad por no mostraros mis lágrimas!
La misma fuerza con que me insultáis
las ha evaporado.

Lo peor es la culpabilidad
que resuena en mis oidos:

¡Cobarde!¡Defiéndete!¡Lucha!

y aunque alguna vez lo intento,
ir contracorriente no es fácil,
y lo que diga o haga sólo importa
para crear una nueva burla.

Sólo vencen los más fuertes,
los débiles seguirán cayendo
como perdedor que soy puedo seguir creyendo
ser alguna vez ganador.

Pero los ganadores mirarán desde su cima

y se reirán.

 

Pensé en una breve introducción al poema y al final me fui por los cerros de Úbeda a corazón abierto. A los que habéis llegado hasta el desgarrador final del poema, gracias.

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