Sinsabores de un blog

Si me hubieras dicho hace tiempo que querías escribir un blog, probablemente te hubiera contestado que no lo hicieras. Que te ibas a encontrar con no tener ni idea de como empezar, aunque las ideas bullan en tu cabeza como un hervidero.

Te tendría que contar la cantidad de horas que te va a llevar lograr tener un diseño y un contenido medio aceptables en este mundillo en el que parece que ya está todo inventado. En el que hay tantos y sobre todo tantas que escriben mucho o muy bien, o que al menos tienen una forma de contarlo muy atractiva.

Que tendrás que pensar como llegar a la gente y aumentar el tráfico de las maneras más ingeniosas,  lo que te llevará  a leer ciertos temas de marketing y publicidad que aborreces, porque entiendes que con esto no ganarás dinero o al menos no vivirás de ello (te aseguro que con los enlaces afiliados, con la publicidad, o si ya te buscas un buen hueco, con los cursos y los libros no vas a vivir, aunque eso no te importe). Pero otra cosa es tener que gastar mucho dinero para ir creciendo e irás haciendo lo que puedes (intentando no ser demasiado pesada).

Quizás seas consciente, como yo, que no contar con un buen equipo fotográfico y no conocer las técnicas de fotografía y retoque te va a limitar mucho, el mundo web bebe de las imágenes, la gente solo ve imágenes y un título bonito. Y tú, sin embargo, adoras la palabra escrita, los versos, el mundo intangible que hay detrás de esas imágenes y que necesita una mayor elaboración por parte del receptor. Pero de nuevo, no importa, lo obviarás y lo harás lo mejor que puedas, e irás mejorando.

También habrá veces que te avergüences, sabes reconocer que tu casa no es precisamente de revista, que tu barrio no es de revista, que tu hijo no es de revista. Pero quieres creer que a la gente real, a veces, no le importa ver niños en chándal en casas con gotelé y suelos sin tarima impoluta  y en barrios con grafitis. Pero el miedo a no gustar está ahí, incluso tendrás algún hater en tus comentarios, sin venir a cuento, y luego te reirás.

Pero también serás consciente de que tienes mucho que contar, mucho que aportar. Que probablemente la mayoría te digan que lo mejor es centrarte en un solo tema en el que seas más experto. Pero yo sigo picoteando de todo lo que me gusta, feliz.

Hoy, el haber superado los 1000 seguidores en Facebook me parece toda una proeza, máxime si vemos de donde partíamos con apenas 50 amiguetes que aceptaron mi invitación sin saber la pesadez de publicación de entradas que se les venía encima.

Ese blog que medio creaste para mostrar poemas y algo más, ese algo de maternidad y crianza con mis reflexiones, mis DIY, mi Montessori y Reggio Emilia descafeinados y todo lo que venga en esa línea que hoy se ha transformado en la parte más importante del blog, y también el camino personal en el que quiero seguir aprendiendo y disfrutando.

Así que hoy, si me dijeras que quieres escribir un blog te diría adelante. Probablemente te dijera lo mucho que te va a enganchar. La satisfacción que de repente te da que un desconocido o un conocido con el que hacía años no tenías contacto te escriba, y te dé las gracias por ese artículo que creías inútil. Y esa gente que comparte y le da a un “me gusta” incondicionalmente aunque igual no se haya leído la entrada.  Porque sabes que has inspirado, que has ayudado un poquito y que no podías haberlo hecho de otra manera si no hubiera sido por ese blog.

Sí, hoy te diría y me digo, adelante.

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