Cimientos, simientes.

Quédate con la gloria,

yo sigo en lo invisible.

Todo lo que mágicamente se hace solo,

en lo invisible.

Todo lo que te sustenta,

todo lo que te acoge

pero no tiene valor material.

Puedes marcharte a triunfar,

nos mintieron,

hay que elegir.

Puedes,

gracias a lo invisible y no valorado.

Cuando me pregunten que he hecho estos años,

pues no he logrado productos:

solo procesos de amor,

solo sosteneros y acogeros y protegeros

y criaros y preocuparme y pensar y organizar

y preocuparme y cansarme mucho

y sentirme diluir

y reír y llorar

y daros alas.

Nada,

cosas que no hacen falta porque no se ven.

Nos hemos sostenido mutuamente al fin y al cabo,

y hemos crecido como resultado.

Quizás seáis el mejor producto

al fin y al cabo.

Mis niños que podrán seguirme detrás primero y luego delante.

Y yo que fui niña, mujer invisible y después de nuevo niña.

 

Las utopías que emergen

La vela 

Sólo una vez apagué la mecha, 

en la brecha que inició 

colmaron en mi seno dolor y pena. 

Punzando aquí en el pecho 

como un sable, 

el lecho herido sangró abundante. 

Supe, que la incertidumbre 

de la tintineante luz 

era esperanza en la noche, 

en la urbe oscura  

a la que confluyen las horas. 

Juré nunca más apagar las dudas 

que nos llevan lejos, 

de silencios absolutos, 

de caminos certeros de vacío.  Continúa leyendo Las utopías que emergen