Cántico para aquel (Esperanza)

Me apetecía compartiros un poema mío antiguo (2004), un poema de esperanza, en unos días en los que estoy muy ocupada con un proyectillo y en un año en el que he podido vivir esa esperanza. Perdonad esta ausencia que seguirá unas semanas. Pero después tengo muchas ideas muy chulas en la cabeza.

Para aquel que entre cielo y tierra

se embaucó en la tormenta

embebido y empapado con la lluvia,

perdiéndose en la niebla,

tejiendo y enmarañándose en la red.

Aquel que gritó a la nada

y susurrando a la cadencia del tornado,

cayó al abismo

y del vacío supo volar.

Dichoso aquel que sintió.

Para aquel que giró con y contra el mundo,

y si el péndulo se mueve

él con sus fragmentos seguirá.

Aquel que soñó loco y cuerdo,

tanto y tan lejos,

y en las mañanas de esfuerzo,

tras la almohada, luchó.

Aquel de cuyas quemadas cenizas,

sus únicas cicatrices

serán el ardor de sus ideales,

la hoguera incombustible de su esperanza

y la luz que de su ser emergerá.

Dichoso aquel que vivió.

Cimientos, simientes.

Quédate con la gloria,

yo sigo en lo invisible.

Todo lo que mágicamente se hace solo,

en lo invisible.

Todo lo que te sustenta,

todo lo que te acoge

pero no tiene valor material.

Puedes marcharte a triunfar,

nos mintieron,

hay que elegir.

Puedes,

gracias a lo invisible y no valorado.

Cuando me pregunten que he hecho estos años,

pues no he logrado productos:

solo procesos de amor,

solo sosteneros y acogeros y protegeros

y criaros y preocuparme y pensar y organizar

y preocuparme y cansarme mucho

y sentirme diluir

y reír y llorar

y daros alas.

Nada,

cosas que no hacen falta porque no se ven.

Nos hemos sostenido mutuamente al fin y al cabo,

y hemos crecido como resultado.

Quizás seáis el mejor producto

al fin y al cabo.

Mis niños que podrán seguirme detrás primero y luego delante.

Y yo que fui niña, mujer invisible y después de nuevo niña.

 

Las utopías que emergen

La vela 

Sólo una vez apagué la mecha, 

en la brecha que inició 

colmaron en mi seno dolor y pena. 

Punzando aquí en el pecho 

como un sable, 

el lecho herido sangró abundante. 

Supe, que la incertidumbre 

de la tintineante luz 

era esperanza en la noche, 

en la urbe oscura  

a la que confluyen las horas. 

Juré nunca más apagar las dudas 

que nos llevan lejos, 

de silencios absolutos, 

de caminos certeros de vacío.  Sigue leyendo Las utopías que emergen