La noche que aullé como una loba (mi parto de R y mis emociones)

Esta va a ser una entrada difícil de escribir. Difícil porque hablo del parto, para mí uno de los más potentes que probablemente una una mujer vivirá. Difícil porque este parto (aunque muy bueno) me ha generado sentimientos que supe en el momento me iban a resultar difíciles de asimilar. Estaba incómoda con este parto y me costaba entender el porqué ¡Maldita verguenza y sensación de culpa! Esta programación que tenemos desde niñas, esa sensación de que todo lo tenemos que tener bajo control…

Y difícil porque apenas tengo tiempo para escribir. R es otro niño muy normal que quiere estar a un centímetro de mi piel (concretamente de mi pecho, jeje) todo el día.

Siempre me ha resultado fascinante la necesidad que solemos tener las mujeres de hablar de nuestro parto (cuando estamos y con quien estamos cómodas claro), creo que tiene que ver con la trascendencia del momento. Un momento muy duro, carente de control racional, vulnerable, visceral, algo cercano a la vez a la vida y a la muerte y que creo que te cambia para siempre. Un momento también, por qué no decirlo, maravilloso para la mayoría de nosotras, increíble  y mágico casi diría. Me resulta fascinante también como según nos acercamos a nuestro parto (sobre todo el primero), buscamos incansablemente relatos de parto en libros e internet (lo que quizás también tenga que ver con la pérdida de ese tipo de información y cultura entre las generaciones femeninas), muchas veces buscando algo más que la imagen negativa que habitualmente nos han transmitido nuestra generación de madres: que es lo más doloroso por lo que vas a pasar, prepárate para lo que se te viene encima, si yo hubiera tenido la epidural (siempre con la coletilla de que cuando le ves la carita se te olvida todo, claro)… hablamos de una generación que tristemente (desde mi punto de vista) fue distanciada de su cuerpo, de su capacidad de elección, prácticamente todas vivieron un parto tumbadas con oxitocina sintética, con enemas, episiotomía…y yo por fortuna no he vivido nada de eso.

Antes de todo quiere anticiparte, he tenido dos partos buenos, rompo una lanza a favor de contar que el dolor no siempre es sufrimiento y que se puede tener un recuerdo global positivo de los partos. Tampoco te voy a engañar, no han sido partos sin dolor o los (yo creo que utópicos) partos orgásmicos sobre los que he leído.

No os he hablado primero del parto de J. Os daré una pincelada del mismo, me puse de parto en la semana 40+3, de forma espontánea y tuve un parto que globalmente duraría unas 12-13 horas. Mi recuerdo fue un parto muy progresivo en dolor. Con dos horas de expulsivo de los que acabé más que dolorida (pedí epidural), agotada. Así que mi mayor recuerdo de esos días fue el cansancio. Las contracciones las llevé bastante bien, te recomendaría que si te sientes cómoda haciendo yoga o meditación lo hagas, creo que ayuda muchísimo, yo hice canto prenatal en el primer embarazo y fue una experiencia muy bonita, no te sabría decir si me ayudó mucho (porque luego cada matrona te habla de una respiración diferente) pero si me hizo estar muy conectada con mi capacidad y mi cuerpo. De hecho aguanté en casa muchas horas y cuando llegué estaba tan serena que nadie pensaba que estaba con tanta dilatación y de parto (me pasó igual con R, no creo que haya consejos que os valgan a todas, pero si no rompes la bolsa y tú médico o matrona no te han dicho lo contrario, te recomiendo que aguantes en casa el máximo posible, estarás mucho más cómoda en tu ambiente). Me puse epidural cuando estaba de unos 6 cm, porque empecé a vomitar y a romper la bolsa y esa sensación de descontrol total me descolocó. Siempre pensé que con un poco más de apoyo por parte del personal sanitario lo hubiera hecho sin epidural y estos cuatro años y al ver como fue el expulsivo de largo, siempre tuve esa espinita. Además, aunque tuve una recuperación física postparto muy buena, lo que más me molestó fue la zona de la epidural durante varios meses. Menos mal que mis amigos los fisios lo solucionan todo.

Llegamos a R, a pesar de ser un embarazo de riesgo por los abortos previos el embarazo transcurrió de manera normal. Con algunos “achaques” de embarazo como os iba contando en RRSS.

En la revisión 39+6 tras los monitores, sin comerlo ni beberlo me hablaron de la inducción para una semana más tarde, menos mal que ahí estuve bastante firme. No entendía como me hablaban de inducción tan prontísimo, menos mal que tenía a mi ángel de la guarda trabajando dentro del hospi que me ayudaba en todo  (me dijeron que si se hacía en la 41 más o menos, y yo sabía perfectamente que si no hay riesgo se hace en la 41+3, e incluso se puede esperar a la 42 con revisiones). En fin, R para dejar clara su disconformidad, decidió nacer esa misma noche.

Llevaba varios días con pródromos, con contracciones que cuando llegaban por la mañana se evaporaban. Así que cuando a las 2 de la mañana empecé con molestias no les hice mucho caso (eso sí, pensé, otra noche sin dormir, vaya hombre). A las 3’30 me desperté porque ya eran bastante fuertes. Pero con toda la calma del mundo me fui duchando y demás, quería estar segura de ir al hospital . Avisamos a mis suegros y llevamos al peque mayor con ellos a las 5 de la mañana, vaya horitas, lo siento, pero la naturaleza no entiende de horarios. Y curiosamente todos mis partos (incluídos los abortos, empiezan de madrugada). Total, que llegamos casi a las 6 al hospital (con unas cuantas paradas y ahí estaba yo casi de 5 cm para mi sorpresa) y a las 9 R había nacido. He de decir que el trato por parte de todo el personal fue muy bueno (si queréis saber hospital y demás os comento por privado) e iba llevando todo fenomenal hasta que rompí aguas, practicamente al final de la dilatación. Ahí fue cuando mi cabeza racional indignada con esa falta de control se hizo dueña del momento, solo podía pensar en hasta aquí hemos llegado, no puedo, ¿porque no te has puesto epidural? (en todo momento pensaba antes de este parto que llegaría hasta donde pudiera, ni más ni menos). Tenía una dicotomía brutal entre cuerpo y mente, mi cuerpo sabía lo que tenía que hacer sin importarle demasiado el entorno, mi cabeza, como siempre quería llevar las riendas y ahí si que me estaba haciando sufrir. Las matronas y gines sabían que no daba tiempo a epidural ni nada, aún así llamaron amablemente al anestesista, que cuando bajó R ya casi estaba fuera. El expulsivo fue muy rápido e intenso (15-20 minutos). También pude ver la placenta, esa gran olvidada, que hasta me hizo ilusión (apenas me enteré del alumbramiento, por cierto). Pero una parte de mí estaba muy incómoda, negando esa parte que había estado gritando al final del todo como si no hubiera un mañana. ¿Pero por qué? las contracciones las había llevado bien (los abrazos o las olas, así me gustaba sentirlas a mí según me contaron en el canto prenatal, al fin y y al cabo son olas maravillosas que vienen y van hasta traer a tu pequeño a tu orilla…)

Lo mejor para mí era estar de pie moviendo la pelvis, algún rato estuve con la pelota de Pilates y a veces me tumbaba de cansancio, pero era la peor postura. Cuando no tenía nada en lo que apoyarme como en la calle, abrazaba a mi marido que tambien me ayudaba mucho haciendo presión en el sacro.

Pero el final era demasiado para llevarlo en silencio, tenía que soltarlo, y no había otra manera para mí que gritarlo y aullarlo como una loba (o como Tarzán según me dijo un celador XD). Recuerdo mis piernas temblando como un flan, en el primer parto pensé que era cosa de la epidural, pero ya me doy cuenta de que no, de que en esos estados mi cuerpo le da por temblar, otra manera de perder el control que me suele acompañar cuando por ejemplo, hablo en público.

Poco a poco me doy cuenta de que está bien, la perfeccion en ese momento no es el silencio, más si siente ese dolor que te parte las entrañas, cada cuerpo decide como llevarlo y eso está bien. Está claro que tengo que seguir aceptando esa parte de pérdida de control y de hacer lo que nos pida el cuerpo en una situación tan intensa.

¿Volvería a dar a luz sin epidural? a día de hoy, no lo sé, la recuperación está siendo muy buena. Simplemente digo que lo mejor es dejarse llevar hasta donde uno pueda y quiera.

No sabía como me iba a quedar esta entrada, no sé si he entrado demasiado o demasiado poco en detalles. Quizás me haya quedado demasiado descriptiva o poco emocional, es lo que ha ido saliendo.

Solo espero que te ayude o ayude a quien vaya a dar a luz. A reconciliarte con ese yo intenso y visceral que en ese momento más que nunca va a salir. Hay veces que hay que gritar y aullar ¿verdad? al fin y al cabo esa noche iba a ser luna llena de sangre con eclipse, toda una señal.

¿Qué recuerdo tenéis del parto?¿Y de las emociones que generó?

Más adelante, quiero contaros (si os interesa) en este proceso de nada más y nada menos que casi cuatro años y tres abortos entre J y R, que cosas me han ayudado a seguir en el proceso, por si le pueden servir a alguuien. Desde lo emocional con la psicoterapia, lo médico con las pruebas que creo que son fundamentales y otras terapias físicas como la fisioterapia y la osteopatía y terapias alternativas (he acudido a un profesional que utiliza medicina china, kinesiología y homeopatía, sé que hay una intensa caza de brujas contra esas terapias, y no voy a valorarlo, solo digo que yo las he utilizado siempre siguiendo también las revisiones y pruebas médicas, es decir, complementando, nunca sustituyendo la medicina tradicional) ¿Efecto placebo? Bendito efecto placebo, si me ha ayudado a tener mas confianza en mí capacidad hasta que R ha estado en mis brazos.

 

 

 

 

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